Camila Cabello, ¿asalto latino o la marca blanca de la industria de USA?

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Que Camila Cabello nace como un producto es algo que ya sabíamos desde los no demasiado lejanos tiempos de Fifth Harmony. Esta all-girl-band se creó casi como experimento de laboratorio por el concurso de talentos de turno (en este caso The X Factor) y publicó un par de discos antes de que Cabello, cuota latina del entonces quinteto, abandonara para hacer carrera en solitario.

La jugada tenía toda la lógica del mundo: con lo latino arrasando en las listas de ventas, esta cantante cubano-estadounidense venía a ser la respuesta de la industria norteamericana a la dictadura del Despacito. Y, a la vez, en opción ganadora para esa cuota de mercado hispano cada vez más importante en EE.UU., una suerte de alternativa a las campeonas de la población afroamericana (Beyoncé) y los WASP (Taylor Swift).

Además, Cabello no ha perdido el tiempo y ha cultivado en forma de colaboración amistades tan relevantes como las de Major Lazer, Travis Scott, Cashmere Cat, Bruno Mars, Pitbull o J. Balvin. Un verdadero quién es quién del pop superventas del momento. Una semana después del lanzamiento de su debut ya puede decirse que la jugada ha salido redonda. Cabello es número 1 al mismo tiempo en 92 países y a estas alturas alguien está contando los billetes en las oficinas de Epic.

Aunque si algo llama la atención a la hora de enfrentarse estas diez canciones es precisamente que Camila está lejos, al menos por el momento, de convertirse en la nueva Gloria Estefan que traiga de vuelta al Imperio la tradición musical caribeña. El suyo es un disco netamente anglosajón en las formas y el fondo, y los guiños a las raíces de Camila se resuelven con esporádicas excursiones por los tópicos de lo latino.

El caso más llamativo es el de su primer gran éxito, ese Havana en el que colabora Young Thug y cuyos aires cubanos se limitan apenas a un afortunado solo de trompeta y algunas líneas escritas con la visión idílica del turista guiri.¿Problemas con eso? No demasiado, la verdad. El disco de Camila tiene aciertos evidentes. El primero de ellos es algo tan sencillo y a la vez difícil de encontrar a día de hoy como la concisión: son apenas treinta minutos repartidos en diez canciones y otra toma editada de Never Be the Same, en los que apenas da tiempo a encontrarle el truco.

Otro motivo para defender el primer paso de esta jovenzuela sobradamente preparada (va camino de los 21 años) es su acierto a la hora de enfocar la producción del disco. A pesar de la interminable lista de productores asociados estas canciones, del ganador del Grammy Frank Dukes a Skrillex, domina una línea muy limpia. Se desnudan los pianos, guitarras, y bajos para desarrollar hooksy líneas melódicas tan juguetonas como las de All These Years o Inside Out (en la que se atreve con el castellano).

Entre reflexiones sobre la búsqueda del amor verdadero y la soledad de la superestrella hay también, por supuesto, espacio para el relleno y las inevitables baladas de turno. Y aunque obviamente el futuro de la música contemporánea dista mucho de pasar por esta colección de canciones, estamos ante un productofast food por momentos modélico que, más allá de su condición de superventas, puede llegar a disfrutarse si se dejan los prejuicios a un lado.

Fuente http://www.eldiario.es/cultura/musica/Camila-Cabello-asalto-industria-USA_0_731777200.html

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